Fíjese que venía un tren de acá del sur y detectó que venía otro tren del norte, entonces el del sur se paró aquí en San Jerónimo y, según eso, le hablaba al otro y el otro yo creo venía dormido porque eran como las nueve… la misa nos la daban a las nueve y media, ya había llegado el padre (entonces han de haber sido como nueve y cuarto). Cuando llegaba el padre nos metíamos al templo. Pero en eso fue cuando oímos el carajazote; 'pos cuál misa, ahí vamos para ver que había pasado, el padre y toda la gente. Como ahí estaba la pasada en el callejón ancho. Dondequiera había pasadas en aquel tiempo. Llegamos a la vía y, ¿qué cree?, que una máquina, la que venía del norte, chocó y se le subió a la otra. Estaba trepadota arriba de la otra que estaba parada, atrás de la máquina venía una góndola que traía rieles y en esa góndola venían dos mojados, que venían yo creo del norte. 'Pos uno estaba ensartado en la punta de un riel, porque los rieles al chocar subieron, como que quedaron así para arriba y estaba uno ensartado allá arriba y otro andaba acá abajo, abajo del tren, arrastrándose nomás con las manos, porque todo su cuerpo ya estaba deshecho, nomás como que arrastraba un costal de huesos, eso lo vimos y ya después nos venimos.
Tengo otra historia, ha de haber sido como en el cincuenta, en el cincuenta ya ve que el puente, en el arroyo que viene de Jalpilla, era un puente de un solo carril. En el cincuenta venía una troca grandota con peregrinos de Guadalajara, venía recio y pasó recio ese puente y la curva ya no la alcanzó a librar, sino que vino a caer por donde vive Tere Parga, enfrente de la tiendita donde ahora está el Seguro Social, bueno, pues hasta ahí cayó, en ese tiempo no había nada, todo estaba baldío. Y yo en ese momento estaba parado en mi bicicleta ahí en la casa de mi abuela, ya ve que le digo que vivíamos ahí adelantito de "Las cuatro esquinas", eran como las seis de la tarde, yo estaba parado en mi bicicleta nomás así en la banqueta. Entonces, que oigo el trancazote, no me acuerdo con quien estaba platicando y fui para allá; nombre, estaba un polvaderón, las ruedas traseras estaban juntas con las delanteras y un quejidero de gente y muchos muertos. Yo para mí digo que ese fue el desastre más grande. Al instante parece que murieron como diecisiete personas. Al instante murieron esa cantidad y luego a unos los mandaron para Celaya, a otros para otro lugar, pero parece que murieron veintidós en ese accidente. Yo tendría unos veinte años.
Yo soy del 21 de diciembre de 1935 pero, como le digo, yo empecé a irme de mojado, fui veinte veces, desde la edad de doce años hasta la edad de veinte que fue en el 55, cuando entré la última vez de mojado; fue cuando se puso más duro, que nos echaron en barco de Puerto Isabel a Veracruz. Esa historia está dura porque nos agarró un huracán en el barco, nosotros nos embarcamos un viernes y como el barco era de dos calderas llegamos hasta el lunes en la noche a Veracruz. Fíjese, siendo que yo para mí que ese trayecto en un día se cruza. No, esa vez se hacían cerros grandísimos, no eran olas, sino que el barco nomás rechinaba y se subía arriba de un cerro y se miraban todos los cerros por las ventanillas, porque nos encerraron. Nomás rechinaba el barco y se bajaba hasta el fondo y miraba uno el cerro allá muy arriba y otro cerro acá. Decía yo: "Hasta aquí llegamos, no cabe duda que es un castigo de Dios", ese barco era mexicano, nunca pude decir su nombre, se llamaba "inmancipacion".
Cuando nosotros entramos en el 48… nombre, la chota no echaba pa´fuera a nadie, se reconocían los migras, andaban en coche negro con letras blancas; ellos todos de amarillo con su tejana, su carrillerota aquí y su corbata negra. Y si andaban veinte trabajadores aquí, pasaban viendo para allá y si andaban veinte de un lado y veinte del otro, pasaban viendo derecho, pues lo que querían eran peones. No había gente por la guerra, todavía andaban allá muchos, los soldados empezaron a llegar hasta el 50, 51. Cuando ya empezaron a llegar los que andaban de soldados ya no andaban como le digo, que andaban de negro y amarillo y su tejana… entonces andaban todos de verde con cachucha y atraían trocas pickup y si había mucha gente. Empezaron a agarrar los bosses de las escuelas.
Allá yo, cómo le dijera, vide mucho adelanto cuando llegué de aquí para allá, porque decía yo ah jijo, si aquí ganaba un peso y llego allá y gano uno cincuenta y las tiendas… todas las tiendas que vide eran supers no eran como tienditas que se empezaron a abrir aquí en el rancho, que vendían refrescos, galletas… no, en una tienda de aquel lado, desde ese tiempo, se conseguía desde una aguja hasta un arado, era un super y bien iluminado. En ese tiempo, cuando yo fui para allá, el jardín de Comonfort tenía cuatro foquitos, uno en cada esquina, oscuro, oscuro… yo a veces pasaba de noche con mis bototas, porque hasta eso, yo aquí usaba huaraches, me fui con huaraches, pero cuando nos fuimos para allá que empezamos a trabajar, trabajamos con un vaquero. Empezamos a trabajar en la lechuga y nos pagaba barato: un dólar, pero en el cuartito que nos dieron, entre unas tablas había unos seis u ocho pares de botas viejas, ahí estaban metidas, nunca agarramos nada. Estuvimos como un mes, entonces ya cuando se le acabó el trabajo a él nos dijo: "Miren, muchachos, ya no tengo trabajo, búsquenle por ahí y les voy a cobrar un dólar a cada uno por la renta del cuarto". Le empezamos a buscar y nos fuimos a la zanahoria. La zanahoria nos la pagaban a veinticinco centavos la canasta; la canasta eran veinticinco manojos. De que la iba sacando el tractor, nomás las agarrábamos de que fueran del mismo tamaño; si eran diez, ocho o doce que fueran del mismo tamaño, le quitábamos todo lo amarillo, nomás dejábamos lo verdecito, lo amarrábamos y veinticinco manojos era una canasta. Nos la pagaban a peseta, yo me alcanzaba a hacer seis, me ganaba uno cincuenta.
Entonces ahí estuvo mejor y como iba y venía no supe quienes trabajaron en el templo, no lo terminaron, tanto le faltaban pilares de un lado como de otro, no estaba enjarrado, la cúpula si estaba, pero no terminada, en las idas que venía íbamos a ver.
De cuando empezaron a llegar los soldados de la guerra, empezaron a sacar la gente en trocas y en autobuses y los echaban por ahí nomás, nos dejaban en el puente y ya: "Ahí se arreglan". Pero como la gente se regresaba y se regresaba y volvían a agarrar a los mismos, o a otros, entonces lo que hacían es que le preguntaban a uno: ¿Por dónde pasaste? 'Pos que pasé por Reynosa; lo echaban a uno por Zapata o por Laredo y si pasaba uno por allá lo echaban por Reynosa, para que les diera más trabajo. No les dio resultado. Entonces después empezaron a echar en avión a San Luis Potosí y Guadalajara. No les dio resultado, entonces lo que hicieron en el 1955 es que, lo agarraran en el estado que fuera de Estados Unidos, lo traían en avión a McAllen. Ahí estaba el centro de concentración, puros alambrados de tela de alambre. Pusieron como cincuenta barracas, ahí ya no le daban a uno de comer; porque cuando yo empecé a ir de mojado, si lo agarraban a uno le daban de cenar o de almorzar, según la hora en que lo agarraran: le daban una charola, como en las escuelas, con seis departamentos, en un departamento un pan bimbo, en otro venía su café, en otro venía su verdura, en otra su postre, en otra su plato fuere. Nombre, decían que muchos lisiados, de acá de Reynosa, se brincaban para allá nomás para que les dieran de comer. Pues sí, pero ya acá en el 55, que hicieron el centro de concentración allí, como llegaban en avión de todas partes, se puso duro: a las seis de la mañana le daban a uno su café, media tacita de café sin azúcar y dos rebanadas de pan bimbo; a medio día (porque si son tres comidas allá) lo que sacara una cuchara de frijoles y dos rebanadas de pan bimbo; en la noche también dos rebanadas de pan bimbo. No, a a los cinco días ya… pues uno de soltero come harto yo le digo que yo me echaba una vara de pan en una sentada o casi me echaba tres cuartos de vara de pan y ahí, ¡nomás dos rebanaditas! 'híjole. Pero los americanos también son conscientes, no es como a veces lo piensa uno, aquí somos más carajos (aquí en México), porque si te agarraban con tu esposa o tu hermana, o tu mamá no te revolvían ahí con la raza, te echaban por Reynosa o por donde te haigan agarrado. Entonces [volviendo al barco], querían ochocientos hombres y cien mujeres, pero mujeres solas de esas que andan libres. Querían acabalar el bonche para meterlo al barco, pero... pero las mujeres también son abusadas, llegaban como eran, mujeres solas… le decían a alguien, pues nomás los dividía la telita de alambre,: "Diles que yo soy tu esposa y que yo soy fulana de tal…" Se ponían de acuerdo y ya por el aparato decían: "A ver ´on ta por ahí Pedro Infante, que lo busca su mujer" Y ya salía, aquí está, "¿A poco te llamas Pedro Infante?" "Sí, señor" y ya eran dos menos, al rato salía Jorge Negrete y al rato otro; puros nombres de artistas, sabíamos que no eran… y no se podía acabalar el bonche, cuando ya se acabaló que a nosotros nos tocó embarcarnos, ha de haber sido el día 3 de julio que salíamos, porque el día 4 es la fiesta americana, veníamos en el barco nosotros y llegamos hasta el 5, espantados, pero llegamos.