Chamacuero, Gto.
(También llamado Comonfort, Gto.)
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SITIOS Y DETALLES
Aquí están algunos edificios o detalles de éstos. También hay objetos y elementos que de tan comunes podrían haber sido fotografiados en cualquier parte pero, créanme, todos provienen del territorio chamacuerense.
 
DANZANTES Y OTROS
Les llamo Danzantes y otros porque en esta sección la mayor parte de las fotografías son de danzantes, pero hay también de personas que desfilan por alguna festividad cívica o quienes participan en alguna procesión. Lo que todos los participantes tienen en común es que están ataviados con alguna indumentaria en particular, sin embargo las imágenes, lejos de destacar la indumentaria, se concentran en los rostros y las expresiones.  Como es de imaginarse. ninguno de quienes aquí figuran me autorizó a retratarles y —menos aún— a figurar en esta página; si esto les desagrada no tienen más que hacérmelo saber para retirar la imágen. Por el momento el modo de contacto es el correo electrónico chamacueromexico@gmail.com.  Por el contrario, si les hubiese gustado su foto, con muchísimo gusto les envío el archivo electrónico en la resolución original, para que se manden imprimir una fotografía de gran formato, o les obsequio una imagen ya impresa, para tal efecto el modo de contacto es el mismo.




























Paisajes


Fotografías
PAISAJES

Estas fotografías no están aquí por que yo considere que son una obra de arte cada una de ellas, ni siquiera porque las considere buenas fotografías, las incluyo porque siento que transmiten muchas cosas, desde la evidente información documental que proporcionan, hasta lo que puedan despertar en cada espectador. Aunque prácticamente todas las imágenes son de mi autoría, toda colaboración será bienvenida. En las secciones previas hablamos de muchos temas y en la mayoría de ellos hay un buen número de imágenes. En esta sección, las imágenes no ilustran un tema específico, están aquí por sí mismas. Este apartado, que he llamado paisajes, contiene imágenes de espacios abiertos, en muchos lugares de nuestro municipio.

En esta ocasión, con las lluvias tempranas los ríos y arroyos lucieron un caudal hermoso.



























GENTE

Creo que a ninguna de las personas que aquí figuran les pedí que posaran para una foto, la mayoría no supo que eran fotografiados y espero que no les moleste estar en esta página. Pero si así fuera no tienen más que hacérmelo saber para retirar sus imágenes. Si bien todos los presentes son personas honorables —y a algunos les aprecio y admiro en particular—, aquí sólo mostramos sus fotografías; en otras secciones de esta misma página hablamos o hablaremos de su trabajo o de su vida.




































Gente


Sitios y detalles


Danzantes y otros

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(Tenemos un montón)



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Este documento, fechado hacia finales del siglo XVIII, es un tanto atípico en comparación de los documentos ya compartidos en este espacio electrónico. Muchos de dichos documentos involucran el mecanismo llamado Censo Redimible, y detallan la operación mediante la cual un bien inmueble pasa a ser garantía del pago de los réditos correspondientes. 

Además de lo interesante que esta información resulta las descripciones de las casas, y la mención de las calles de nuestro pueblo, hace un esbozo del Chamacuero del Siglo XVIII. Pero en esta ocasión la escritura, y quizás por ese motivo es más breve de lo habitual sólo describe la operación de compraventa de una casa, bastante sencilla si nos atenemos al valor de otros inmuebles de los que ya hemos publicado documentos.

Otra singularidad es la cantidad de personas, de apellido Villela, que venden una propiedad, con el común acuerdo de todos ellos.

 
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de 1543, conclusiones




Compraventa de nu predio
en 1786
Compravente de un predio en 1786

El último párrafo de este fragmento nos hace intuir que los propietarios vendieron esta finca por la necesidad de cubrir los gastos del funeral y, así como el costo del predio me pareció barato, los treinta pesos que afirman se gastaron en el funeral de la señora Mariana Villela. Alguna singularidad habrá tenido dicha ceremonia.

Como todos eran propietarios, primero se apartó una cantidad para este gasto y para la escritura e impuestos, el resto fue convenientemente repartido. a partes iguales entre los herederos. 

Contra lo que a veces sucede, y como comenté al principio, todo lo asentado fluye armónicamente, a pesar de haber tantos propietarios involucrados.

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Conversaciones, con don Antonio Landín Valle (segunda parte)


Conversaciones, con don
Antonio Landín Valle
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Como hemos visto, a lo largo de los artículos publicados en este espacio electrónico, las festividades tradicionales de nuestro municipio tienen una complejidad que no siempre se percibe al conocerlas como meros espectadores. Cuando se indaga sobre sus orígenes y sus particularidades, encontramos una expresión cultural muy elaborada, que causa admiración.

El caso de La Música de Remuda y Reyes no es la excepción y, en términos muy generales, consiste en la participación de una banda de viento los días sábado y domingo de la fiesta de Remuda. Pero no se crea que dicha banda toca, en el atrio del templo, un rato un día y otro rato el otro. La participación de la banda involucra varios recorridos. Tampoco es correcto hablar exclusivamente de la banda; para que todo tenga clara relación de la fiesta, además del comité ceremonial de los Tenanches, también se lleva una demanda con la imagen de la Virgen María, en su advocación de Nuestra Señora de Los Remedios. 

Ya hemos hablado, en este espacio electrónico, al respecto de los Tenanches y de lo que es una demanda. Pero en términos muy generales diremos que los Tenanches son un comité ceremonial, integrado por seis personas, que realizan los rituales inherentes a cada parte de la celebración, no sólo de La Música de Remuda sino de toda la Fiesta y toda la Remuda; una demanda es una urna portátil en la que se lleva una imagen religiosa. 

Pues bien, un par de personas se alternan para portar la demanda con la imagen de la Virgen y llevarla a todos los lugares que se recorren en estos días, a este grupo se integran los Tenanches, los encargados de la tronería (de los cuetes), el carguero mayor, es decir el responsable de que todo esto se lleve a cabo y amigos o familiares de todos los anteriores.

Una buena parte de los recorridos implican recibir los alimentos correspondientes a esa hora del día. Es muy importante mencionar que los alimentos son ofrecidos en sus casas por diferentes personas que, incluso, han asumido ese compromiso durante varios años, pues para ellos es una gracia, es un honor, que la Virgen visite sus casas.  Incluso cuando una persona entrega ese cargo ( esa responsabilidad) muy rápidamente otra persona se ofrece para suplirla y otras están a la espera de tener, también, esa oportunidad.
El sábado hacia el mediodía, de manera atípica a esta Fiesta, la banda es recibida por los Tenanches en el Jardín Municipal, recibir a la banda implica un ritual en donde se les da la bienvenida y se les persigna. También tocan las mañanitas (y después otras piezas) en el templo de San Antonio. Después regresan, ahora sí todos (banda, Tenanches, tronería, cargueros y familiares) al templo de Nuestra Señora de Los Remedios, en donde tocan un breve rato, en lo que se inicia la misa.

Hacia las dos de la tarde todo el conjunto de participantes se dirige, con la amena compañía de la banda hacia el domicilio en donde les ofrecerán la comida. En estos años ha sido una casa en el rumbo de Camacho. Digo "la amena compañía de la banda" pero, en realidad, participar en estos recorridos es algo más profundo y significativo, a la vez, tener tan cerca la actuación de un talentoso grupo de músicos es un privilegio que difícilmente se tiene en otras circunstancias. En cada domicilio en que son ofrecidos los alimentos, la banda toca dos o tres piezas a gusto de los anfitriones quienes, con toda prudencia, expresan sus preferencias y suelen ser complacidos.

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MUY IMPORTANTE

Quienes elaboramos este espacio electrónico nos sentimos muy honrados y orgullosos de que alguien considere tan importante, o bien logrado, lo que aquí compartimos, al grado de publicarlo en sus propios espacios. En la sección correspondiente de esta página se aclara lo relativo al uso de estos materiales, básicamente que se puede disponer de todo lo aquí publicado (simpre y cuando sea materal original de esta página; un 95% lo es) la única condición, o solicitud, es que se dé el crédito correspondiente, es decir que si alguien toma imágenes, fotografías, libros o textos diga que provienen de:

www. chamacueromexico.com

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En el año 2018 escribí sobre la tradición del Jueves Santo en Orduña de Abajo; para conocer más de la fiesta acudí con don Antonio Landín Valle quien amable y amenamente me proporcionó toda la información que compartí sobre este tema.

Desde aquel entonces quedé impresionado con la cantidad de historias, anécdotas y datos relativos a su comunidad que afloraron en paralelo durante aquella charla. Como hace unos años tuve la acertada idea (perdón que lo diga yo mismo) de incluir un apartado llamado Conversaciones, en este espacio electrónico, esta conversación me pareció más que idónea para compartirse en dicha sección.

Hasta hoy día que transcribí sus palabras me percaté que la grabación dura más de tres horas que, aunque fluyen como las aguas del río Laja, la he dividido en tres partes, la segunda de ellas es la que a continuación comparto. 

Esta es la liga a la primera parte de esta conversación


Mis esporádicas aclaraciones sobre la propia conversación vienen entre corchetes [   ].

Al final de la primera parte de esta conversación don Antonio nos iba a platicar de un choque de trenes ocurrido muy cerca de su comunidad:

Fíjese que venía un tren de acá del sur y detectó que venía otro tren del norte, entonces el del sur se paró aquí en San Jerónimo y, según eso, le hablaba al otro y el otro yo creo venía dormido porque eran como las nueve… la misa nos la daban a las nueve y media, ya había llegado el padre (entonces han de haber sido como nueve y cuarto). Cuando llegaba el padre nos metíamos al templo. Pero en eso fue cuando oímos el carajazote; 'pos cuál misa, ahí vamos para ver que había pasado, el padre y toda la gente. Como ahí estaba la pasada en el callejón ancho. Dondequiera había pasadas en aquel tiempo. Llegamos a la vía y, ¿qué cree?, que una máquina, la que venía del norte, chocó y se le subió a la otra. Estaba trepadota arriba de la otra que estaba parada, atrás de la máquina venía una góndola que traía rieles y en esa góndola venían dos mojados, que venían yo creo del norte. 'Pos uno estaba ensartado en la punta de un riel, porque los rieles al chocar subieron, como que quedaron así para arriba y estaba uno ensartado allá arriba y otro andaba acá abajo, abajo del tren, arrastrándose nomás con las manos, porque todo su cuerpo ya estaba deshecho, nomás como que arrastraba un costal de huesos, eso lo vimos y ya después nos venimos.

Tengo otra historia, ha de haber sido como en el cincuenta, en el cincuenta ya ve que el puente, en el arroyo que viene de Jalpilla, era un puente de un solo carril. En el cincuenta venía una troca grandota con peregrinos de Guadalajara, venía recio y pasó recio ese puente y la curva ya no la alcanzó a librar, sino que vino a caer por donde vive Tere Parga, enfrente de la tiendita donde ahora está el Seguro Social, bueno, pues hasta ahí cayó, en ese tiempo no había nada, todo estaba baldío. Y yo en ese momento estaba parado en mi bicicleta ahí en la casa de mi abuela, ya ve que le digo que vivíamos ahí adelantito de "Las cuatro esquinas", eran como las seis de la tarde, yo estaba parado en mi bicicleta nomás así en la banqueta. Entonces, que oigo el trancazote, no me acuerdo con quien estaba platicando y fui para allá; nombre, estaba un polvaderón, las ruedas traseras estaban juntas con las delanteras y un quejidero de gente y muchos muertos. Yo para mí digo que ese fue el desastre más grande. Al instante parece que murieron como diecisiete personas. Al instante murieron esa cantidad y luego a unos los mandaron para Celaya, a otros para otro lugar, pero parece que murieron veintidós en ese accidente. Yo tendría unos veinte años.

Yo soy del 21 de diciembre de 1935 pero, como le digo, yo empecé a irme de mojado, fui veinte veces, desde la edad de doce años hasta la edad de veinte que fue en el 55, cuando entré la última vez de mojado; fue cuando se puso más duro, que nos echaron en barco de Puerto Isabel a Veracruz. Esa historia está dura porque nos agarró un huracán en el barco, nosotros nos embarcamos un viernes y como el barco era de dos calderas llegamos hasta el lunes en la noche a Veracruz. Fíjese, siendo que yo para mí que ese trayecto en un día se cruza. No, esa vez se hacían cerros grandísimos, no eran olas, sino que el barco nomás rechinaba y se subía arriba de un cerro y se miraban todos los cerros por las ventanillas, porque nos encerraron. Nomás rechinaba el barco y se bajaba hasta el fondo y miraba uno el cerro allá muy arriba y otro cerro acá. Decía yo: "Hasta aquí llegamos, no cabe duda que es un castigo de Dios", ese barco era mexicano, nunca pude decir su nombre, se llamaba "inmancipacion".

Cuando nosotros entramos en el 48… nombre, la chota no echaba pa´fuera a nadie, se reconocían los migras, andaban en coche negro con letras blancas; ellos todos de amarillo con su tejana, su carrillerota aquí y su corbata negra. Y si andaban veinte trabajadores aquí, pasaban viendo para allá y si andaban veinte de un lado y veinte del otro, pasaban viendo derecho, pues lo que querían eran peones. No había gente por la guerra, todavía andaban allá muchos, los soldados empezaron a llegar hasta el 50, 51. Cuando ya empezaron a llegar los que andaban de soldados  ya no andaban como le digo, que andaban de negro y amarillo y su tejana… entonces andaban todos de verde  con cachucha y atraían trocas pickup y si había mucha gente. Empezaron a agarrar los bosses de las escuelas.
Allá yo, cómo le dijera, vide mucho adelanto cuando llegué de aquí para allá, porque decía yo ah jijo, si aquí ganaba un peso y llego allá y gano uno cincuenta y las tiendas… todas las tiendas que vide eran supers no eran como tienditas que se empezaron a abrir aquí en el rancho, que vendían refrescos, galletas… no, en una tienda de aquel lado, desde ese tiempo, se conseguía desde una aguja hasta un arado, era un super y bien iluminado. En ese tiempo, cuando yo fui para allá, el jardín de Comonfort tenía cuatro foquitos, uno en cada esquina, oscuro, oscuro… yo a veces pasaba de noche con mis bototas, porque hasta eso, yo aquí usaba huaraches, me fui con huaraches, pero cuando nos fuimos para allá que empezamos a trabajar, trabajamos con un vaquero. Empezamos a trabajar en la lechuga y nos pagaba barato: un dólar, pero en el cuartito que nos dieron, entre unas tablas había unos seis u ocho pares de botas viejas, ahí estaban metidas, nunca agarramos nada. Estuvimos como un mes, entonces ya cuando se le acabó el trabajo a él nos dijo: "Miren, muchachos, ya no tengo trabajo, búsquenle por ahí y les voy a cobrar un dólar a cada uno por la renta del cuarto". Le empezamos a buscar y nos fuimos a la zanahoria. La zanahoria nos la pagaban a veinticinco centavos la canasta; la canasta eran veinticinco manojos. De que la iba sacando el tractor, nomás las agarrábamos de que fueran del mismo tamaño; si eran diez, ocho o doce que fueran del mismo tamaño, le quitábamos todo lo amarillo, nomás dejábamos lo verdecito, lo amarrábamos y veinticinco manojos era una canasta. Nos la pagaban a peseta, yo me alcanzaba a hacer seis, me ganaba uno cincuenta.

Entonces ahí estuvo mejor y como iba y venía no supe quienes trabajaron en el templo, no lo terminaron, tanto le faltaban pilares de un lado como de otro, no estaba enjarrado, la cúpula si estaba, pero no terminada, en las idas que venía íbamos a ver.

De cuando empezaron a llegar los soldados de la guerra, empezaron a sacar la gente en trocas y en autobuses y los echaban por ahí nomás, nos dejaban en el puente y ya: "Ahí se arreglan". Pero como la gente se regresaba y se regresaba y volvían a agarrar a los mismos, o a otros, entonces lo que hacían es que le preguntaban a uno: ¿Por dónde pasaste? 'Pos que pasé por Reynosa; lo echaban a uno por Zapata o por Laredo y si pasaba uno por allá lo echaban por Reynosa, para que les diera más trabajo. No les dio resultado. Entonces después empezaron a echar en avión a San Luis Potosí y Guadalajara. No les dio resultado, entonces lo que hicieron en el 1955 es que, lo agarraran en el estado que fuera de Estados Unidos, lo traían en avión a McAllen. Ahí estaba el centro de concentración, puros alambrados de tela de alambre. Pusieron como cincuenta barracas, ahí ya no le daban a uno de comer; porque cuando yo empecé a ir de mojado, si lo agarraban a uno le daban de cenar o de almorzar, según la hora en que lo agarraran: le daban una charola, como en las escuelas, con seis departamentos, en un departamento un pan bimbo, en otro venía su café, en otro venía su verdura, en otra su postre, en otra su plato fuere. Nombre, decían que muchos lisiados, de acá de Reynosa, se brincaban para allá nomás para que les dieran de comer. Pues sí, pero ya acá en el 55, que hicieron el centro de concentración allí, como llegaban en avión de todas partes, se puso duro: a las seis de la mañana le daban a uno su café, media tacita de café sin azúcar y dos rebanadas de pan bimbo; a medio día (porque si son tres comidas allá) lo que sacara una cuchara de frijoles y dos rebanadas de pan bimbo; en la noche también dos rebanadas de pan bimbo. No, a a los cinco días ya… pues uno de soltero come harto yo le digo que yo me echaba una vara de pan en una sentada o casi me echaba tres cuartos de vara de pan y ahí, ¡nomás dos rebanaditas! 'híjole. Pero los americanos también son conscientes, no es como a veces lo piensa uno, aquí somos más carajos (aquí en México), porque si te agarraban con tu esposa o tu hermana, o tu mamá no te revolvían ahí con la raza, te echaban por Reynosa o por donde te haigan agarrado. Entonces [volviendo al barco], querían ochocientos hombres y cien mujeres, pero mujeres solas de esas que andan libres. Querían acabalar el bonche para meterlo al barco, pero... pero las mujeres también son abusadas, llegaban como eran, mujeres solas… le decían a alguien, pues nomás los dividía la telita de alambre,: "Diles que yo soy tu esposa y que yo soy fulana de tal…" Se ponían de acuerdo y ya por el aparato decían: "A ver ´on ta por ahí Pedro Infante, que lo busca su mujer" Y ya salía, aquí está, "¿A poco te llamas Pedro Infante?" "Sí, señor" y ya eran dos menos, al rato salía Jorge Negrete y al rato otro; puros nombres de artistas, sabíamos que no eran… y no se podía acabalar el bonche, cuando ya se acabaló que a nosotros nos tocó embarcarnos, ha de haber sido el día 3 de julio que salíamos, porque el día 4 es la fiesta americana, veníamos en el barco nosotros y llegamos hasta el 5, espantados, pero llegamos.

Volviendo a la tradición del Jueves Santo, ha habido muchos cambios, como te decía: Orduña para mí, en aquellos tiempos, era el brazo fuerte de Comonfort, porque estaba mezclado, tanto había parientes, como había mucha gente de Comonfort que tenía terrenos aquí y también por ejemplo: mis dos abuelos tenían casa en Comonfort, mi abuela Nacha, que por cierto, yo para mí, que era como Indú o que ella no era de aquí;  bueno sí nació aquí pero como que su mamá o su abuela no eran de aquí, porque ella se llamaba Guadalupe Pozas y de Pozas nomás, de aquí en Comonfort, solo a mi abuela la conozco como Pozas, porque una vez le pedí una misa y aquí el sacerdote se quedó viendo y dijo: "La Señora Pozos", no, es Pozas. Un primo de ella traía una rueda de la fortuna, unos caballitos, unas sillas, todo un carrusel como cuando llega aquí y esos señores se quedaron instalados en Reynosa, Tamaulipas. Por eso digo, es que en el tiempo de la revolución se hizo un revoltijo. Entonces por eso digo, pues, mi abuela era de allá de Comonfort y mi abuelo era de aquí del Rancho, los Valle vivían aquí, pues tenían buen tramo, de donde están los Casablanca en seguida, yo ya nomás conocí a los hermanos de mi abuelo, yo ya no conocí a su papá y su mamá, que también hay una historia de ellos.

Entonces mire, lo que yo sé, lo que yo conozco y de lo que me platicaron:  el encargado de Comonfort, de venir por el Santo Entierro aquí a Orduña, era don Jesús Paloblanco. Don Jesús Paloblanco era un peluquero que vivía enfrente de la Manuela Taboada, venían como unos seis, los demás no recuerdo ni los nombres, pero don Chucho era el mero líder y no sé ni en qué año empezó, cuando yo tuve uso de razón [alrededor de 1930] ya estaba eso de que daban nopales y se daban allá en la capilla de abajo, en la antigua. En esa capilla, como no había mesas en ese tiempo, labraron un palo grandote, muy ancho y ese servía de mesa, ahí se sentaban los más importantes que eran los que venían de fuera y los que iban a recibir, porque hay una tradición, ahorita la vamos a explicar. Venían de Comonfort por el Santo Entierro, vienen los lunes, Lunes Santos, venían y se lo llevaban a Comonfort, entonces lo llevaban a la Parroquia el lunes, ahí lo dejaban, para sacarlo el Martes Santo, ya ves que hay una procesión de Cristos en Comonfort; lo sacaban a la procesión y lo dejaban otra vez en la Parroquia y el jueves Santo se lo traían acá a la Capilla. Entonces dijeron los de Orduña, como le digo también han de haber tenido billetes,: "Para no dejar el Santo Entierro en la Parroquia, vamos a hacerle un templo" y se pusieron a la tarea de hacer un templo en Comonfort y le hicieron el templo al Santo Entierro, que es donde está ahorita San Antonio. Por eso le digo que tanto los Rincón como los Valle, toda esa calle como que ahí vivían todos ellos. Yo lo digo porque yo conocí a Felisa y a otra que no me acuerdo como se llamaba; eran primas de mi mamá. Ellas vivían adelantito de "Las cuatro esquinas" y acá el otro primo, hermano de ellos, era Agustín Rincón, el viejo. Que ahora ya nada más queda el muchacho. Y digo: en aquellos tiempos ni a mí me reconocían, ya hasta últimamente me dice: Pariente esto… y pariente aquello, pero en fin. 

Es decir el Santo Entierro era de aquí, no sé si usted lo habrá visto, está en una urna, así de grandota, está acostadito y tiene vidrio alrededor y es, como les digo, yo ya no sé si es el mismo o no, pero ese Santo Entierro, estaba, en la parroquia,  donde está el templo de la Eucaristía. Ya ve que está el bautisterio y luego una capilla, en esa capilla yo lo llegué a ver; lo ve uno acostadito y si te quedas viendo como que te está viendo. Yo te digo esto porque yo estuve mucho tiempo de encargado y limpiaba yo el Santo Cristo de aquí y una vez hasta lo mandamos a retocar. Este que tenemos en el mero centro tiene los ojitos igualitos que aquel, pero aquel está en su urna. Ese de la urna es el Santo Entierro y mucha gente piensa que el Santo Entierro es este que tenemos aquí en el centro del altar y no es.

El Santo Entierro está en su urna y por eso se dejaba en el templo que hicieron los de Orduña. Mi abuelo Cecilio fue el encargado al último y digo, no sé cómo estaría pero yo tenía ese tío que siempre me echaba brava. Bueno, no me echaba brava, sino que era el del Gallito y yo era priista, tiene poco que falleció, se llamaba Santiago Valle; él decía que mi abuelo era el que había vendido el templo y quien sabe qué más. Pero no, a mí mi abuelo me platicó que cuando ellos eran encargados de ese templo en Comonfort, pasó que pusieron las banquetas de allí de la calle; mi abuelo tuvo que vender una máquina de coser para pagar la banqueta, pero después llegó un presidente y un cura y no supe cuál sería de los curas porque también duró mucho tiempo el sr. Cura Reyna. Y dice mi abuelo que le quitaron las llaves y le quitaron el cargo; entonces pusieron a San Antonio y se llevaron el Santo Entierro en su urna para la Parroquia y ahí lo tenían en esa capilla de la Eucaristía. Ahora no sé si esté allí o es el que veneran acá adelantito de la casa de la cultura. Ese Santo Entierro era de aquí de Orduña, ese era el que empezaron a sacar para allá. Cuando nosotros estuvimos de encargados ya no estaba el Santo Entierro, tampoco yo ya no conocí el templo como Santo Entierro, lo conocí como de San Antonio.

Cuando nosotros fuimos encargados, que se cambió todo lo que estaba en la capilla vieja para acá, tampoco yo sabía. "Que se van a llevar el Santo Entierro", entonces bajábamos el Cristo que tenemos en el centro aquí en el templo. Yo empecé a darles ese Cristo porque en la capilla antigua estaba en el centro. Por cierto, esa capilla está en reparación y se va a ver, según, muy bonita; mi mujer es la que anda ahí al frente. Pero se va a hacer por el INAH o algo así, porque harto quisimos levantarla, mis hermanas, yo, Erasto y una maestra; decían que ya tenían recursos y nunca se supo, nunca se hizo nada. Yo una vez les dije, pero en aquel tiempo los que mangoneaban los templos eran los de la SAOP, porque vinieron y midieron este templo todo, todo, las columnas, las curvas, los pilares y siguieron allá. Yo les platiqué que queríamos arreglar la capillita y dijeron: "Sí como no, el día que ustedes quieran nomás nos avisan y hasta les ayudamos". Pero después que ya quisieron ya no se pudo, porque ya ve que van cambiando.

Allá la capilla tiene un arco y abajo estaba el Cristo y aquí, cuando nosotros fuimos encargados, como le digo, se techó el templo pero no estaba terminado, como le digo no estaba ni enjarrado ni… es más este templo… la muestra iba a quedar como está el templo de la Virgen de Guadalupe en Comonfort; el altar iba a estar igualito. El altar lo empezaron unos pero, cuando nosotros estuvimos de encargados, el señor Cura dijo: "Miren, este templo lo diseñaron igual que aquel, ya ahora los templos no se acostumbran así, ya los templos se quedan limpios de sus muros" Entonces fue más fácil quitar lo que ya se empezó que terminarlo; quitamos todo el principio del altar, todo lo que estaba al frente, todo lo quitamos porque ya estaba empezado para arriba y lo dejamos limpio y ahí pusimos al Cristo. Pero entonces mucha gente pensaba que era el Santo Entierro, hasta yo mismo pensaba que era el Santo Entierro, nomás que ya después platicando… pues no, mi abuelo me platicó: "No, el Santo Entierro se quedó en la Parroquia".


Por eso empezó eso de la tanda de los nopales, porque de agradecimiento de que los señores venían de fuera cargando el Santo Entierro aquí se les esperaba con comida, y de ahí se da inicio. Lo que se da tradicionalmente son Nopales con Camarones y el que tiene más voluntad da conserva. La conserva es calabaza cocida con dulce.

Cuando estaba mi tía Manuela, ella se estrenaba, porque como ella tenía dinero… hacía la calabaza como venden el chilacayote: bien endulzado; así hacía ella su conserva y ya, por supuesto desde aquel tiempo se usaban las tortillas estampadas, pintadas, yo llegué a ver unos moldes con el Santísimo dibujado, otros traían a La Virgen y otros dibujos… pero ahora ya le ponen lo que les da la gana.

Mucho de lo que le cuento son cosas que me contaba mi abuelo, yo nunca vi ni supe de cuando construyeron el templo del Santo Entierro [actual templo de San Antonio]. Y era un templo para que estuviera nada más tres días, el jueves aquí regresaba y aquí se quedaba el resto del año.

Sí, la capilla vieja es muy pequeña, los nopales se daban en un… había una especie de tejado, pero no era tejado, en aquel tiempo lo hacían de terrado ¿Si sabe cómo eran los cuartos de terrado? [aunque digo que sí don Antonio me explica, lo cual es bueno porque a veces se usan diferentes nombres en la construcción]. Era pura tierra, yo todavía conocí cuartos de un tío donde le ponían palos separados unos cuarenta centímetros,  le ponían leña rajada, y era de "palo dulce" (yo llegué a ver esa leña como si la hubieran puesto la semana pasada y eran cuartos ya viejos derrumbados), entonces después le echaban como veinticinco o treinta centímetros de tierra negra y se la acomodaban bien y cuando caía el aguacerazo… en la tierra negra no pasa el agua, nomás corre, le daban como diez centímetros de inclinado, porque yo todavía llegué a ver a mi tío Cleofas, le digo que todo estaban muy ligados Orduña y Comonfort, porque, fíjese, tan solo el tío mayor, hijo de mi abuelo se casó con una hija de los Caballero, que vivían casi enfrente de lo que ahora es el Mercado, donde era el Salón Fiesta. Mi tío estaba casado con una de esas de ahí, por eso digo que estaba muy junto todo. También don Carmen Centeno, que era el que hacía la fruta de horno, su esposa era de acá de Orduña, de acá arribita.

Pasó esto, cuando nosotros entramos de encargados, que como le digo ya fue, no tengo ni la fecha, pero me acuerdo que cuando fui encargado todavía no nacía mi muchacha y mi muchacha nació en el 65. Duramos unos años más o menos, como del 65 al 77. Cuando ya fuimos encargados nosotros bajábamos el Cristo y se los dábamos a ellos para que se lo llevaran, porque después que murieron los señores, han ido buscando quien tome el cargo. Mira, después yo al que conocí como encargado era uno que vivía por acá por el cerro de Los Remedios pero ese señor ya falleció; ahorita los encargados son su hija y su yerno, que son los que vienen el lunes. Entonces, nosotros bajábamos el Cristo, se los entregábamos y lo recibíamos el jueves, pero en una de esas al Cristo se le abrió una reventada, desde el hombro hasta como la mitad de la espalda. Entonces yo, siendo el encargado, le avisé al señor Cura Nambo, le dije que se había abierto, me dijo: "No te apures, te voy a mandar quién lo retoque" y buscó uno de San Miguel .

Porque el señor cura Nambo, que en paz descanse, era como arquitecto, también él nos ayudó mucho aquí en el templo, es más, yo para mí es como un Santo porque yo les platico lo siguiente: cuando mi abuelo Cecilio murió le dejó dos tierras al señor cura Nambo, le dejó dos tierras como de cuarenta y cuatro metros de ancho por unos trescientos, yo pienso. Entonces le hicieron las escrituras a su hermana, y yo dije: pues mi abuelo se los regaló. Pero siendo yo el encargado del templo, como seguíamos trabajando y arreglando, ya cuando estaba más acabado (no se ha terminado nunca) el señor cura Nambo me dijo: "Vamos a pintarlo, ¿qué me dejas?, ¿qué te agarras tu?,¿compras la pintura o la mano de obra?" No, le digo, como siempre yo me encargo de la mano de obra, usted compre la pintura, y yo me di cuenta que vendió ese terreno, se lo vendió a mi hermano en cierta cantidad y con eso… gastó más en la pintura que compró, así como valían las latas en ese tiempo. Y pienso: si hubiera sido otro cura… estaba a nombre de su hermana la escritura. Y por eso yo para mí, en lo que me di cuenta… para mí es un Santo.

Y yo en ese tiempo, mire son cosas curiosas, una vez compró cuatro cipreses y me dijo: "Plántamelos aquí en el atrio, por la entrada de los claustros de la parroquia". Le planté las cuatro matas de ciprés y luego en una fiesta se quemó una y nomás quedaron tres y luego me quedaba yo pensando: Están tres cipreses aquí grandotes y están tres señores curas aquí enterrados, ahí estuvo el señor cura Nambo, el señor cura Barroso y el señor cura Guerrero. Digo, cómo es la vida, yo conviví con ellos y ya le digo eso, me dijo que le pudiera esos cipreses y ahora no sé, entran unos, llega un señor cura y transforma la parroquia de un modo, llega otro señor cura, no le gusta eso y pone otro, llega un presidente municipal… mira, yo me fijé de lo que yo tuve uso de razón; yo conocí el jardín municipal, con unas banquitas de fierro;  llega otro presidente y pusieron unos troncos, la forma de un tronco de cemento, era la banca; llega otro presidente quita todas esas bancas y manda hacer de granito y pone al que tenía dinero una banca y le ponían su nombre o entre dos y ahí vi los nombres de todos ellos; llega otro presidente, quita esas o las regala, no sé que hace  y mete otra vez bancas de fierro. Eso en el tiempo que yo tengo me di cuenta de todo eso, pues ahora los que estuvieron antes ¿cómo le harían? Así también yo vide que cuando llegó el señor cura Nambo, el altar de la parroquia tenía oro y dijo: "Vamos a arreglarla". Él era de Michoacán y conocía y era como arquitecto. Dijo: "Vamos a quietarle todo esto, se ve más bonito el templo con pura cantera". Y le quitó todo lo que tenía, arriba, todos los dibujos de arriba eran guías de uvas, unos racimotes de uvas y todo eso se quitó. Pues llega este señor cura Barroso y dice: "Vamos a ponerle oro y si el pueblo no me ayuda yo lo pongo". Pero toda la gente ayuda, por eso digo, tanto los curas como los presidentes nomás van desbaratando en vez de componer.


Volviendo al Jueves Santo: las personas se llevaban la imagen y se encargaban de sacarla en la procesión allá y de allí en agradecimiento se les daban sus nopales, sus camarones, sus tortillas pintas y su conserva. En aquel tiempo daban como unas quince personas, entonces  esas quince personas se compraban una tabla y platitos, de esos de barro que usábamos antes, ponían dos hileras en la tabla y empezaban a repartir; la gente bien seriecita, bien educada bien sentadita ahí, señoras, señores, todos sentaditos. Se formaban unas tres o cuatro hileras sentados, porque no había bancas, era en el suelo, se formaba toda la orilla de la barda y pasaba el primero con su tabla repartiendo platitos, platitos y donde llegó el corte ahí se quedaba parado, se iban otros llevaban su tabla, se volvían a traer platos y de ahí le seguían, ahí sentadita la gente le daban los quince que dieron así que muy fácil recibían sus quince platos ahí sentaditos. Porque, aunque ya le hubieran dado, le vuelven a dar, yo por ejemplo digo: "Hasta aquí llegó mi corte, entonces voy a esperar a que traigan otro para seguirle hasta que salían allá" y si ya se les terminaba ahí seguía otro. Los menos que daban eran quince, después cuando yo estaba encargado en la lista metía veinticinco y ahorita han de ser sesenta personas las que dan y el menos que hace, hace un caso lleno de nopales y en aquel tiempo hasta los hacían con frijoles fritos porque van revueltos y hay quienes les dan su conserva.

Pero para eso, mire: llegan los que vinieron por el Santito y se lo llevaron a Comonfort y anduvieron en la procesión, vienen de regreso, ya vienen con sus familias, y no nada más familias sino amigos, conocidos, ya viene mucha gente, entonces toda esa gente daba su limosna. Entonces, cuando ya llegaban todos los que vienen, se pasaban a la mesa o, como le digo en aquel tiempo era un palo, pero esos se acomodaban en la mesa, aunque fuera un palo, y también se acomodaban los que van a dar para el siguiente año, porque ahorita les tocó dar a unos y esos van a preparar una ofrenda. En aquel tiempo eran jícaras, ahora son tapas de ropero de carrizo o charolas (en lo que sea) pero le ponen cuatro platos de nopales y frijoles, con unas tres tortillas a cada plato y su conserva, todavía le ponen su servilleta arriba y unas florecitas; eso se lo van a dar a los encargados. Si dieron quine personas nopales esas quince personas van a preparar dos jícaras, unas van a ser para la persona que viene con el Cristo y la otra es para el que va a dar el siguiente año, para echarle al compromiso, que para el siguiente año, si no puede dar o que no tenga dinero por alguna enfermedad o algo, por lo menos regrese las dos jícaras para seguir adelante.

El encargado lleva la lista… se empezaba de aquella orilla del Rancho (antes, si se acuerda era la congregación de Orduña, era Orduña de Arriba y Orduña de Abajo) entonces se empezaba desde allá arriba, hasta terminar acá el último año y ya cuando se acababa el último año se empezaba otra vez de allá para acá. Aquí el encargado del templo lleva su lista de las personas que dieron y que van a recibir y de los que van con el Cristo esos vienen cada año, a ellos se les da su jícara también aparte. Una jícara es para los que traen el Cristro y la otra para los que van a dar el siguiente año. En aquel tiempo a nosotros nos venía tocando cada diez años, cuando yo estuve eran veinte matrimonios, si en una casa viven tres, allí se juntaban los tres y nada más de allí. Entonces al siguiente año, de ahí de donde llegó el corte se agarran otros veinte más abajo y así es como se viene dando aquí en el rancho.

En relación a los buñuelos, cuando nosotros estuvimos de encargados, y todavía ahorita, siempre hemos hecho dos bultos de harina para dar y claro que como medio bulto se reparten entre la misma casa y claro que al templo se lleva como menos un bulto que se va a dar ahí, para toda la gente, para todo el que pida. Para eso es, nada más que ahora, como le decía ya no hay respeto, yo me acuerdo de aquellos tiempos, cuando venía don Chucho Paloblanco, que era el encargado de traer el Cristo, una vez creo que un muchacho carajo, le aventó tierra en su plato y como que de ahí para acá ya no fue muy bien, carajos muchachos son traviesos. Ahora porque ya no haya tierra, ahora hay piso, pero en aquel tiempo era diferente.

Los buñuelos son el 24 de diciembre a la misma hora, más o menos, que los nopales, es que los buñuelos se dan, también yo pienso, porque no sé exactamente, se dan como agradecimiento al padrino del Santo Niño, el que acuesta al Santo Niño, porque también pasa lo mismo, si eran veinticinco personas que dan buñuelos y el menos que hace, hace un bulto, entonces es para darle a toda la gente, pero también preparan sus dos jícaras, una para los que van a dar el siguiente año y otra para el padrino. Total que si dan veinticinco, treinta personas, treinta jícaras le tocan al padrino y el padrino tiene la obligación de poner en el altar (aunque  ya ahora ni se pone) si traía una caja de plátanos, la ponía en el altar, naranjas también las iba poniendo, le daba dulces a toda la gente, pero le llevaba sus dulces a todos los que dieron, por eso de los buñuelos es de agradecimiento al padrino que acuesta al niño, que es el que hace el gasto.

Esto también tiene muchos años… desde que yo me acuerdo.


Pero volviendo al Cristo: sacábamos el que está al centro del templo, ya después que se estrelló lo mandamos componer y quedó bien, pero ya no lo sacamos. Entonces unos dos años a mí me tocó mandar, mandábamos una estampa del Señor de los Milagros y a los encargados de Comonfort, como que no les gustó. Entonces ellos se cooperaron y compraron un Cristo, es ese Cristo que tenemos ahora aquí en el templo, pero no es de nosotros, es de ellos. Tienen un Cristo aquí, aquí lo han dejado, vienen el lunes por él, se lo llevan y el jueves lo traen igual, pero ese Cristo ya no es de nosotros, aunque todo el año está aquí, salvo el Lunes Santo que sale.

Y también ha ido creciendo, en aquel tiempo, digo cuando nosotros estuvimos de encargados, venían unas seis personas por el Cristo, ellos venían, se lo llevaban y la gente de aquí tampoco salía, si acaso unas dos personas acompañando, pero hará unos ocho años, que un nieto mío, es hijo de Toño dijo: "Bueno, ellos vienen por el Cristo, vienen más o menos como a las dos de la tarde, está bueno darles un taquito. Este año les voy a dar yo". Le dio a su mamá para que comparara y se les dio.

Ahora de ahí para acá mi mujer agarró como esa devoción, ahora se les da de comer el lunes que vienen por el Cristo, se les hace una carne de puerco con nopales, y nooombre ahora por el Cristo vienen unas cien personas, vienen y se lo llevan caminando y lo dejan en la Parroquia. el martes lo sacan en la procesión y lo vuelven a dejar allí y la mera verdad ahorita yo no sé dónde lo dejen pero según la costumbre eso era, de salir en la procesión y dejarlo en la Parroquia, que antes tenía su templo, ahora ya no, el Santo Entierro, entonces así quedó.

Nomás que dondequiera hay políticas y pleitos, fíjese aquí hubo un pleito hace poco, tenía unos primos que cuando vienen tenían gusto y voluntad de darles un agua fresca ahí en  la entrada, ahí descansaban y luego una maestra de Comonfort que está ahí junto con mi muchacha, les dieron agua fresca y nieve y los que están acá se enojaron fueron a reclamarles,  mis mismos parientes, que ellos son los que tienen el cargo. ¿Cuál cargo?, si no hay cargo, esa es voluntad y como le digo, ahorita mi mujer agarró darles de comer los lunes y ya se quedó como tradición y no nada más ella da, ya se juntaron otras dos personas que también traen la comida, entonces digo, ni debe uno de enojarse que dé otra persona o yo ya me retiro yo ya no doy.

El jueves que lo traen lo ponían en un lado de la cúpula [un extremo del transepto] pero este año lo van a poner el jueves acá afuera, en el atrio, porque como en el templo también ya tenemos una capillita donde está el Santísimo, para que no le pongan la espalda mejor lo vamos a poner el Cristo acá afuera, porque mucha gente no conoce y se va con la finta de que el Cristo, digo es Dios nuestro señor, pero si lo tenemos allá en su custodia está vivito y mucha gente, digo, a mí me pasó también y por eso quitaron también de los templos, de las parroquias al Santísimo del frente, porque si se acuerda todo estaba en el frente; pero pasa la gente y ni el sombrero se quita cuando pasa por el templo, y más antes teníamos la obligación de quitarnos el sombrero, cuando menos persignarse uno, pero a veces aquí, los muchachos está el Santísimo expuesto y ellos pasan y hasta diciendo canijada y media.

[Aunque no era el motivo de mi vista, don Antonio me platicó de uno de sus grandes gustos, para el que tiene un don muy particular: el injerto de frutales, pero esto lo compartiremos en la tercera, y última, parte de esta conversación].



El cargo de la Música de Remuda y Reyes
Llama mi atención la mención de la actual Calle Arista como Calle Real, "que sale de la Parroquia hacia San Agustín". 

El terreno mide dieciocho brazas de frente y cincuenta y cinco de fondo. Considerando que una braza mide 1.67 m. el predio medía treinta metros de frente y noventa y dos de fondo, lo cual, creo que aún entonces, era una superficie muy grande, aunque el terreno haya estado a la mitad entre Chamacuero y San Agustín. 

Más aun, entonces y ahora dos mil setecientos metros son muchísimos para una construcción que tenía una tienda y una sala.

Quizás la escasa construcción fuera el motivo de que dicho predio fue vendido en ciento diez pesos.

También, recurrentemente, llama mi atención el elaborado tecnicismo legal con que se previenen o inhiben futuros conflictos.

 
Crónica de un Ritual Otomí
El pasado 29 de noviembre, por la mañana, estaba yo preparándome para la procesión de la Fiesta de Nuestra Señora de Los Remedios. No es que yo participe en la procesión, honor que no creo llegara a tener, pero ese día acudo, con un enorme gusto, a tomar fotografías de los participantes. En ese momento me llamó un amigo de muchos años y me invitó a la ceremonia de "Acción de Gracias por la Cosecha" de la comunidad Otomí, agregando que él, mi amigo, sería el Padrino de la Ceremonia. Pese a lo muy llamativo de la invitación me preocupaba estar lejos a la hora de la procesión de la fiesta, no obstante, acudí con mucha curiosidad por tan singular y poco conocida ceremonia.

La cita fue en la comunidad de Delgado de Abajo, al oriente de nuestro municipio, concretamente en la casa de Consuelito (así decía la invitación) y, como es de suponerse cualquier persona puede dar indicaciones de cómo llegar a dicha casa, máxime si, como hicimos nosotros, nos detenemos justamente frente a la casa de Consuelito a preguntar por ella.

Quizás por esa afortunada coincidencia no llegamos tarde y no nos perdimos la bienvenida a los visitantes. Conviene decir que, si alguien, como yo, se imaginó una celebración en el mismísimo surco, con los arados, las yuntas y varios monos de rastrojo como escenario y testigos, además de varios agricultores otomíes con rostro adusto… la ceremonia fue algo más íntimo, hermoso y que nos puso a reflexionar muchas horas.

Al momento de mencionar a Consuelito, en la comunidad de Delgado de Abajo, muchas personas se remitirán al contexto de esta ceremonia y a la señora Consuelo Venancio Mesita, ampliamente reconocida como cocinera tradicional que, junto con otras talentosas comonforenses, han llevado este arte a lugares muy lejanos.  La señora Consuelo destaca también por otros talentos y actividades.


Crónica de un Ritual
Otomí
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El célebre expediente de 1543 (resumen, cronología y conclusiones)
Hemos llamado a esta larga transcripción "El Célebre Expediente de 1543", porque hacemos referencia al primer documento que conocemos sobre el poblamiento español de Chamacuero y que es la Merced de tierras otorgada a doña Leonor de Alvarado en 1543.

El expediente, motivo de todo este artículo, recaba los pormenores de un pleito entre los herederos de doña Leonor de Alvarado contra Francisco Arias y los indios que de manera irregular poblaron dichas tierras. Dicho expediente se fecha en 1568.

Cuando faltan documentos para conocer algún suceso, los conflictos llevados a tribunales suelen aportar mucha información, como en este caso.

En términos muy generales diremos que Doña Leonor de Alvarado, esposa en ese momento de Luis de Moscoso, recibió, en 1543, una merced, es decir el derecho a utilizar una zona para crear una estancia de ganado, es decir tener ahí sus ganados. Si bien la merced original no menciona la palabra Chamacuero, la zona se designa como "Los chichimecas" y, pese a ser una denominación que ocuparía un área muy grande, se sabe que se hace referencia al Valle de Chamacuero. Se sabe porque un año antes Hernán Pérez de Bocanegra recibió una merced similar aunque de una zona un poco más al sur.
Para 1568, o antes, habían sucedido varias cosas, doña Leonor de Alvarado ya había fallecido y la zona de su estancia de ganados había sido doblemente invadida, por una parte por pobladores indios y por otra por don Francisco Arias.

Por ese motivo sus hijos, Luis de Moscoso (el hijo obviamente) e Isabel de Figueroa entablaron el citado litigio. Aunque en el expediente aparecen documentos sobre poderes y otras cuestiones legales, lo interesante es que los interrogatorios realizados, con el fin de dilucidar el derecho y la razón de las partes involucradas, nos aportan mucha información sobre el poblamiento del valle de Chamacuero, a partir de la cual armamos la siguiente cronología.

1.- Doña Leonor de Alvarado tenía sus ganados en Cuautitlán y causaba perjuicios a los pobladores de dichas tierras.

2.- Hernán Pérez de Bocanegra le dice que hay, en el valle de Chamacuero, cerca de las ciénagas que entonces ahí estaban, un lugar apropiado para sus ganados. El virrey le otorga la merced de tierras sobre dicho lugar en 1543.

3.- En enero de 1544 Cristóbal de Estrada pobló el lugar con los ganados de doña Leonor, de forma pacífica y sin contradicción alguna, valiéndose de indios prestados en Cuautitlán para tal efecto. Se hace mención a ganado vacuno, yeguas y garañones.

4.- Unos once años después, en 1555, cuatro o cinco indios (con sus familias) provenientes de Jilotepec e Ixmiquilpan, pidieron permiso de asentarse en estas tierras y terminaron conformando la estancia que llamaron San Francisco, distante unos ochocientos pasos de las construcciones de doña Leonor de Alvarado.(El indio que los guiaba se llamó Pedro Cuautli).

6.- A las cuatro o cinco familias originales les siguieron, con los años, varias familias más de indios otomíes, llegando a ser tal cantidad que los encargados de la hacienda de ganado consideraron ya perjudicial su presencia, también llegaron indios chichimecas que, se sospecha, mataban o flechaban los animales de la estancia.

7.- No obstante que los indios se comprometieron a ayudar en labores de la estancia de ganado periódicamente, y así lo hicieron algunos años, en cierto momento se reusaron a cumplir lo acordado.

8.- Hacia 1561 Francisco Arias, vecino de la estancia de Chamacuero, ocupó parte de las tierras de ésta para cultivo, argumentando que no dañaba los ganados y que, por el contrario, estos se alimentaban del rastrojo que quedaba tras la cosecha.

9.- En 1568 se habla de las tres estancias del Valle de Chamacuero, San Agustín, San Francisco y San Lucas, las tres pobladas desde hace catorce o quince años.

10.- En 1568 algunos testigos afirmaron que antes de 1543, y antes de la estancia de ganado, probablemente en 1528, había pobladores otomíes y chichimecas en estas tierras, eran sujetos al poblado de Acámbaro, pero se les mandó "recoger" es decir reubicarse en el poblado de Apaseo.  Se cree que estos mismos indios son los que poblaron Chamacuero, después de las primeras familias de 155


El último punto de esta cronología se da después de la conclusión legal del pleito, la cual transcribo al final porque tiene algo de "fundacional" para nuestro pueblo.

Lamentablemente, el testimonio, de quienes afirman que este valle estaba poblado antes de 1543, no nos permite saber si eran poblaciones preexistentes a la llegada de los europeos a nuestro país, o si la propia conquista motivó su llegada a estas tierras. Sabemos que, desde muchos siglos antes, en este lugar había oleadas de poblamiento y abandono por causas climáticas. Creo lo más probable que los pobladores de que se hace mención llegaran a esta región mucho antes de 1521, pero sí que fueron "reordenados" en otros poblados. Ese reacomodo es usual en lo referente a los "Pueblos de indios", política establecida por los españoles tras la conquista.

Esta es la conclusión oficial del (para nosotros) esclarecedor litigio:
Así pues, los indios que ya estaban en la estancia fueron autorizados a permanecer en ella.

Ese fue el origen de nuestro pueblo, o el documento que lo menciona de entre los que, al día de hoy, conocemos.  No tenemos noticia de documento alguno que, a la manera de las villas de españoles, determine la fundación de un poblado en este lugar.

Y para reflexionar bastante:  Este lugar fue habitado, por civilizaciones que se asentaron de manera permanente, desde mediados del primer milenio de nuestra era.

A la llegada de los españoles, mil años después, este lugar había vuelto a poblarse tras varios siglos de oleadas de abandono y repoblamiento.

El poblamiento, es decir el asentamiento permanente en estas tierras, luego de la llegada de los españoles a nuestro país, fue hecho por indígenas, por pobladores originales que buscaban un lugar para establecerse y supieron acomodarse a las nuevas disposiciones de los europeos.

Durante los siguientes siglos Chamacuero fue un pueblo de indios y legalmente considerado como tal.

Luego entonces ¿qué añejo prejuicio nos lleva a creer que nuestra historia comienza con algún documento emitido por las autoridades españolas?  Un documento que seguramente no existió, no cambia en nada todo lo que fuimos antes ni lo que, a partir de esa hipotética fundación, vino después.


Rumbo a las cuatro de la tarde el conjunto de todos los participantes se dirige al Templo de Nuestra Señora de Los Remedios, donde recibirán a Los Reyes Magos. Sí ya sé que no es hora ni fecha, pero es una hermosa tradición que se observa, desde hace muchos años en este momento. Unos niños, de entre siete o diez años, están bellamente ataviados con túnica, capa y corona, no siendo raro que los acompañen niños caracterizados de ángeles.

Como corresponde a todos los rituales de la Fiesta y su Remuda, los niños son persignados por los Tenanches y una vez cumplido este ritual, se incorporan y encabezan un recorrido por las calles céntricas del pueblo. En este recorrido de 2025 se tuvo la innovación de llevar a los Reyes en un remolque jalado por una cuatrimoto. Antes de esta innovación el recorrido se hacía a pie y más atrás los Reyes iban en caballos, pero esto último entrañaba un riesgo para niños tan pequeños. 

El recorrido abarca unos tres kilómetros, en todo el trayecto los niños van obsequiando dulces a quienes salen a verlos o les saludan, ya sea que arrojen los dulces o los entreguen, cuando se puede, en mano.  Es muy común, y muy hermoso, que los papás motiven a sus hijos a asomarse a ver pasar a Los Reyes, sobre todo cuando a los niños les emociona verlos pasar y, con suerte, recibir unos cuantos dulces.  Como sé que a los amables lectores les llamará la atención, como a mí, por qué se incorporó un recorrido que rememora a Los Reyes Magos, en la Fiesta de Remuda y, además, semanas antes del 6 de enero, tuve a bien preguntar y el encargado, carguero mayor, me comentó que su padre, don Leno Olvera, concibió la idea con la intención de que los niños tuvieran presente que dentro de un mes recibirían la visita de estos personajes. Viendo la emoción que hoy día despierta en los niños este recorrido, se hace evidente que la intención de don Leno fue muy acertada. 

Los participantes regresan al templo y acceden a este con cierta solemnidad, aunque la banda pase a ocupar un lugar en las plataformas del atrio.

A las seis de la tarde se celebra la misa, con el énfasis correspondiente a los niños que participaron en el recorrido, caracterizados como Reyes o como ángeles. También las intenciones de esa misa son dirigidas especialmente a los encargados de este Recorrido y sus correspondientes cargueros. Por este motivo a esta misa suele conocérsele como "Misa de Reyes".

Luego de la misa la banda toca en el atrio durante un tiempo, pero por ahí de las ocho de la noche todo el conjunto ya mencionado se dirige a la calle Morelos, donde les ofrecen la cena de ese día. Lo sé porque los encargados en este domicilio me han invitado anteriormente, aún sin saber que el tema me interesaba, como todo lo relacionado con la Fiesta.

Después de la misa Los Reyes se retiran a sus domicilios, pero si ellos o sus familiares se quieren integrar, e ir a cenar, nadie les va a cuestionar su asistencia.

Después de cenar, el grupo se dirige a la casa en donde al día siguiente les ofrecerán el desayuno, a esto le llaman entregar la virgen, porque ahí depositan por esa noche la demanda. En ese lugar tradicionalmente les ofrecían Las Hojas, que es un ponche, pero hoy en día les ofrecen también pan, atole, tamales…

Al día siguiente, como ya se dijo, el grupo de banda, Tenanches, cuetería y carguero, acude por La Virgen al lugar donde les ofrecen el desayuno del domingo, durante la mañana la banda toca en el atrio, en la plataforma de la entrada. En este lapso también hacen un pequeño recorrido para recibir el almuerzo de ese día. Rumbo a las dos de la tarde, en un domicilio de la calle 20 de noviembre se ofrece la comida para todos los participantes.

Al término de la comida se realiza la recolección de los Parandes, es decir, los Tenanches y la demanda con la Virgen, seguidos de la banda, acuden a los lugares en donde hay un Parande ya dispuesto y, luego del ritual correspondiente con cada parande, los acompañan al templo.  En teoría esta actividad correspondería solamente al grupo de Tenanches, pero el mayordomo de este cargo comenta que para él es importante "prestarle" la banda a los tenanches para mayor lucimiento del traslado de cada parande y también como agradecimiento a su participación durante estos dos días. Los tenanches también agradecen y a cada integrante de la banda le obsequian su Pan de Parande.

Es evidente que la algarabía inherente a la música de banda es muy acorde a lo espectacular y emotivo que es el arribo de estos enormes Parandes al atrio del Templo. No es para menos, cada Parande simboliza la continuación, por un año más, de cada uno de los elementos que integran la Fiesta y su Remuda.

Una vez que todos los Parandes han llegado al atrio, o que se considera concluida esta actividad, la banda toma un descanso, durante la misa van a donde les ofrecen la cena. 

Por ahí de las ocho de la noche, otro grupo de personas ofrecen ponches a la banda, los tenanches y a los presentes que lo soliciten. Como ya habíamos dicho a esta tradición de los ponches se le conoce también como Las Hojas. Ellos no se consideran cargueros sino voluntarios y en particular voluntarios de don Leno. A veces la gente piensa que estos ponches se venden, pero no, se ofrecen a los presentes.

Luego de la cena, la banda se pone su atuendo de gala y sube a un tablado especial, provisto de un gran equipo de sonido y toca durante varias horas.  Anteriormente este tablado se ubicaba dentro del atrio del templo y últimamente se les solicitó colocarlo en el exterior.

En algún momento de esta última actividad la banda baja con los Tenanches a dar un agradecimiento y su despedida, aunque vuelvan a subir a tocar hasta el término pactado en su contrato.
El contrato es hasta la una de la mañana, ya si la gente pide más piezas queda en la voluntad de complacerlos o no.

El señor Saúl Olvera, actual encargado de La música de La Remuda y Reyes, me contó que fue en el año de 1953 cuando el señor Daniel Olvera, mucho mejor conocido como don Leno, consideró que la fiesta de Remuda de Nuestra Señora de Los Remedios necesitaba más alegría y lucimiento, porque, a su sentir, el templo se sentía triste sin música, así que convenció a otras dos personas (cuyos nombre no hemos precisado y fallecieron hace varios años) para organizarse y solventar la participación de una banda de viento en los días sábado y domingo de la fiesta.

Durante el resto de su vida, don Leno fue asumiendo este cargo. Con la invaluable ayuda de sus cargueros le dio cada vez más brillo a la Música de la Remuda.  Sabía hacer que las personas le ayudaran, tanto en la forma tradicional de los cargueros como de las personas que brindaban los alimentos a la banda. Para esta colaboración hay bastantes personas que reclaman el honor de tener a la Virgen unos momentos en sus casas, así como la banda y a los demás participantes, mismos a los que se les brinda cualquiera de los tres alimentos del día.  Incluso cuando alguien declina ya esta participación, no le cuesta al encargado conseguir quien le supla.

Don Leno se ayudaba de sus hijos, hermanos y sobrinos; por supuesto también de sus cargueros.

En sus primeros Parandes daba cuatro panes o cinco y lo que era el mezcal, como chonditos de mezcal. Después se fue modernizando. A veces le ponían cerveza modelo y cuando ya eran un cargo grande, si se pude decir así, le pusieron vino como ponen hoy en día en la mayoría de los Parandes.

Como suele suceder, a veces quien anda celebrando en plena remuda, agarra el cargo por la ambición de recibir el vino en ese momento.
Actualmente el señor Saul tiene alrededor de ochenta cargueros que aportan su colaboración puntualmente como lo hayan acordado con él.

Es muy raro que un carguero quede mal, aunque sí ha sucedido.
Pero ya con la experiencia sabe a quién recurrir y a quien mejor no, porque hay gente humilde que son los meros pagadores y dan de a poco en poco y al momento de hacer cuentas resulta que se pasaron un poquito.

En algún momento de todos estos años había dos bandas y salían juntas en los recorridos, alternándose la ejecución de las piezas, hoy en día sigue habiendo dos bandas pero la otra ya no se integra a los recorridos.

Si en la tocada de la noche, en el escenario, ya no hay gente, se corta la interpretación antes de la una de la mañana.

Y si hay relajo, pleito, nos dijo el señor Saul, también se le corta: "Pero gracias a La Virgen nunca ha tocado algún problema. Ha habido quienes se peleen leves; se les dice, si van a seguir con esto paramos, se les da su traguito para que brinden, bailen, pero no para el relajo".

La banda sube al escenario con otra vestimenta, más de gala, para que ellos también queden bien, mientras más queden bien mejor para ellos.

También nos dijo el señor Saul Olvera lo siguiente:

"Hace dos o tres años sacaron el escenario del atrio al exterior, el señor cura le movió con los encargados, decían que se estaba deteriorando la imagen. La intención mía es dejarlo dentro de la iglesia, porque lo que es el castillo y esa banda son los que reaniman la fiesta, sacándolo fuera como que no. Las danzas están adentro. Pero uno respeta, aunque se pierde mucho la tradición.

De hecho, pasa que los que están viendo las danzas se van a ver la banda porque es un escenario grandote. Ahorita, el escenario es muy chafita, porque estorban los cables y no se puede alzar más, aunque mis cargueros insisten a que de todos modos se ponga el escenario como sea y yo los escucho.

Para contrataciones me invitan a Salvatierra cuando hay eventos de bandas, voy con mis cargueros y entre todos decidimos cuál banda contratamos; cuando tenemos ya apalabrada la banda pues no hay necesidad.

Con algunas bandas hemos hecho contratos nada más de palabra, nada más con el anticipo y nos respetan el precio y la fecha, la banda de 2025 (la higuera de Salvatierra) había venido consecutivamente hasta hace quince años y cuando dejaron de venir nos recomendaron otra banda en su lugar: La Nopalera que es de Michoacán y es de un sacerdote. Esa banda vino tocando unos diez años, de ahí surgió el sonido, que era una ilusión muy añeja de don Leno Olvera, porque no siempre la banda trae sonido con escenario. Ese año la banda trajo sonido, pero no pudo ponerse porque no había permiso, ese mismo año falleció don Leno y ya no le tocó ver la banda con el sonido, pero era su gusto ver todo ese lucimiento de la música. En estos tiempos nos toca contratar banda y aparte el escenario con sonido. El primer año que se pudo tocar con escenario el director de la banda nos decía: "A don Leno le hubiera encantado ver la banda con sonido y escenario.

Este año, terminando la fiesta, se les dijo a los de la banda si querían hacer el compromiso para el siguiente año, no se quedó en nada aún. Pero son dos compromisos, les conviene, también tenemos el del Señor de la misericordia, son dos contratos para Comonfort.

En Estados Unidos hay muchos cargueros, son cargueros que se van para allá, pero no por la distancia olvidan su compromiso, imagino que es una forma de estar presentes en su tierra, también son de los que dan su cuota sin que se les cobre. Hay diecisiete que son de Ciudad de México, otros de Monterrey, de Monclova, Celaya, San Miguel, León. Son gente que viene a visitar el templo, le llama la atención la Fiesta y quiere ser parte.

Para los Reyes nosotros tenemos el compromiso de buscar a un encargado de la vestimenta, alguien que se encargue del vestido, las capas, las coronas y los dulces. 

Hace un año le pasé este cargo a mi sobrina porque yo me enrollo mucho en todo lo demás y es mucho el compromiso; ellas me preguntaron si se podía sacar una trailita, yo les dije que sí pero que había que ver por dónde iba a pasar, considerando los puestos que hay en toda la zona.

La gente coopera, es compromiso de uno, pero uno se encarga y tiene gente encargada.

Estos eran los únicos Reyes que había, ya después sacaron otros que salen en la Fiesta grande. No nos afecta que salgan otros Reyes, mientas más festividad mejor, pero los primeros fueron los de don Leno.

Ya hasta se están preparando los niños, les pregunta uno: ¿Quieren salir para el otro año? Sí, dicen gustosos, ya cuando son grandecitos ya no quieren. Lo que a mí me da más gusto es ir con la Banda, les digo a los cargueros: Vámonos, esta banda es de nosotros. A veces me piden una pieza a mí, les digo tú eres carguero, pídesela.

En las casas que nos dan alimentos yo les digo a los chavos de la banda:

-Tóquenle la que les pida que por ella están ustedes aquí.

-Sí como no, ¿cuál quiere, patrona?

Aunque acaban siendo cinco o seis canciones y vámonos, si no nos come el tiempo. Cuando me disculpo por tener que retirarnos muy amablemente comentan:

-Tú ya nos trajiste la Virgen y te lo agradecemos mucho.

Yo adorno mi parande con muchas cosas, esta vez la puse un venadito y unos regalos. Pero esas cosas ya yo las compro de mi bolsa y a veces las uso en mi casa también.

El Parande no lleva todo el vino que se reparte, sería muy pesado.

Hay personas que piensan que agarramos del dinero. A la hora de la hora, cuando llega a faltar, uno tiene que poner de su bolsa.

Y no, no nos pesa poner de nuestra bolsa para cumplir el compromiso.

Al contrario, es un gusto.




Primera parte
Estas imágenes son ilustrativas, pero contemporáneas a lo que cuenta don Antonio. Las tomé del sitio  www.bbc.com.
Habiendo llegado a tiempo nos recibieron los anfitriones, en su mayoría niños que, con alegría no disimulada, impregnaban a los visitantes de confeti, mientras estos entraban, no sin antes escuchar las palabras de bienvenida que nos conmovieron por su calidez y por la forma de ubicarnos en el contexto de la celebración.

La casa de Consuelito, como muchas casas en las comunidades, no privilegian los espacios cerrados pues, aunque se cuente con techumbres de diferentes materiales, las paredes o las bardas no aíslan, sino que integran todo con el entorno. Una vez en el interior, si bien conocíamos las actividades de que constaba la ceremonia, había cierta expectativa por saber cómo se iba a conjugar todo ello.

Ya acomodados en torno a una larga mesa, nuestros anfitriones repartieron pinceles y hojas de papel de la calidad y el tamaño como para hacer una pequeña obra de arte o para expresar algo profundo o simple, dado que la primera actividad era "Taller de pintura".  Ni los pinceles ni los papeles tenían nada de particular, pero las pinturas eran todas de producción artesanal, a partir de elementos cotidianos en la comunidad, ya fueran tintes de vegetales o pigmentos minerales.

Conocer el origen de estas pinturas le dio mucho sentido al taller como tal, también nos motivó a expresar algo acorde con la valía de estos materiales.  Pero la motivación no nos concedió el talento para la plástica que, en esas circunstancias, todos hubiéramos deseado tener.

Mientras nos expresábamos con el pincel, Consuelito nos platicó de los antecedentes de la población Otomí y de los orígenes de la comunidad de Delgado de Abajo. Haciendo mención al sincretismo por el que hoy día le rinden culto a San Martín Caballero, pero sin olvidar a la deidad Otom.

La parte central de este ceremonial era la acción de gracias, para ello, la Cruz, la misma que se utilizó en los rituales anteriores de este mismo ciclo es ataviada con las flores que, para ese fin, llevó el Padrino.  Algunas de las invitadas se ofrecieron, amables y gustosas, a colocar las flores en la cruz, atándolas diestramente.

Aunque el espacio disponible no era muy grande, se realizó el recorrido ceremonial, mismo que, a pesar del sentimiento de intimidad, no dejó de tener un carácter solemne. Los visitantes comprendimos que había elementos presentes de los rituales previos que, en una necesaria continuidad, se integran al ceremonial, con un sentido diferente pero complementario. No es mi intención detallar este ritual en todo su simbolismo, ameritaría una charla muy larga y específica con la señora Consuelito y no fue ese el motivo de nuestra asistencia. Creo que las imágenes son más elocuentes en este caso, pero en torno a este ritual se tejió toda la ceremonia, misma que, como estaba programado duró un par de horas o un poco más, por las preguntas y comentarios de los visitantes.


De ahí pasamos a la comida, platillos tradicionales, que tradicionalmente son deliciosos y no fue la excepción, cada quien pasó a servirse y, luego de unos minutos, todos disfrutábamos los alimentos.

Quien conozca la actividad de las Cocineras Tradicionales sabrá que, en esta comida, no podrían faltar las tortillas pintadas, pomposamente llamadas "tortillas ceremoniales" por los especialistas foráneos que tratan de explicar y explicarse estas prácticas. Evidentemente todas esas pequeñas obras de arte fueron admiradas por los presentes, después, para hacer honor a la razón de ser de las mismas, ingeridas con enorme gusto.

Como el ritmo en que cada persona come llega a ser muy diferente, para cuando los que, como yo, comen muy rápido, nuestra anfitriona procedió a la parte de las "limpias2, para quien no conozca este término, realizar una limpia es una práctica que, aunque hace un uso más ritual que terapéutico de sahumerios, yerbas u otras sustancias, es la buena voluntad, la empatía y la disposición de los involucrados lo que entra en juego dentro del ritual y ordena o acomoda las energías inherentes a nosotros mismos, más allá de las creencias particulares de quien ofrece la limpia y de quien la recibe.  Por supuesto ignoro las motivaciones de cada uno de quienes se acercaron a Consuelito para recibir su limpia. En mi caso puedo decir que fue algo inefable (que contrasentido) que me abstengo de describir, pues me parece que hacerlo sería caer en una superficialidad, totalmente ajena a toda esta celebración.
Ya en el camino de regreso el padrino y un servidor comentábamos que, contra lo que la invitación sugería, fue una celebración muy íntima, de alguna forma realizada para los invitados asistentes. Aquí surge el debate añejo, irresoluble, de cuándo una comunidad puede ser calificada como  indígena o los individuos de la misma como tales.

Aquí hay una dificultad adicional: ¿Quién tiene la autoridad para decidir al respecto? ¿Los que se consideran indígenas? ¿Los que no se consideran, pero creen poder decidirlo mirando desde fuera?
Esto también involucra una situación singular: durante muchos años "el progreso", "la modernidad" y otras ideas en la misma dirección, nos llevaban a negar todo nexo con la parte indígena de nuestra herencia cultural y hasta biológica. La consabida paradoja: Estamos muy orgullosos de nuestras raíces indígenas, pero no queremos que nos consideren indios.

Sin embargo, hace un par de décadas que, por diferentes razones, empezamos a revalorar la pertenencia a estos valores y todo lo que conllevan. Empezamos a ver muy interesante y bello que en la Casa de la Cultura hubiera letreros bilingües en español y otomí, empezamos a encontrar valiosas las prácticas tradicionales, los rituales, la comida y cuanto pudiera considerarse otomí, generalmente con una interés muy sincero y desinteresado, como si nos percatáramos de lo que somos, de dónde venimos y, lejos de avergonzarnos, nos despertara un orgullo legítimo.

Por supuesto no tenemos la visión idealizada de que ahora todos somos conscientes y estamos orgullosos de nuestros orígenes y, sobre todo, de lo que aún subsiste de ellos en nuestra vida cotidiana. Pero nadie tiene la autoridad para decirle a quien asuma esta herencia que no lo hace correctamente o que no tiene el derecho de hacerlo.

Podemos imaginarnos e  idealizar cómo fueron los otomíes a la llegada de los españoles o como eran las comunidades otomíes de nuestro municipio hace cien años, pero si creemos que solamente los grupos indígenas inmaculados, ajenos a cualquier influencia europea, se pueden considerar como tales y que todo lo demás es impuro o absolutamente mestizo, estamos cayendo en un reduccionismo absurdo y estamos eliminando de tajo las culturas indígenas, como si todo lo que aún subsiste, pese a tantos años, tanta opresión y tanto menosprecio, no tuviera el enrome valor que, poco a poco vamos entendiendo que tiene.

Es muy fácil descalificar a quien se asume como otomí, con argumentos culturales, lingüísticos o antropológicos. Alguien puede decir, también, que él sí conoció esas ceremonias de acción de gracias por la cosecha, como la que describí al inicio de esta crónica, pero más allá de saber cómo era algo hace cien años (y saberlo es muy importante), es más valioso saber cómo es hoy en día, máxime si podemos ser testigos privilegiados de estas prácticas.

Mucho más lúdico, menos solemne, pero igual de simbólico fue La Gallina Mestiza (símbolo de la comida otomí), no imaginábamos los invitados que en una cesta aguardaba, silenciosa, una enorme gallina blanca que fue la protagonista de este ritual.

Los dos voluntarios sugeridos, el Padrino y uno de los invitados, se colocaron en un externo del espacio exterior y los demás asistentes aguardamos en el otro extremo, al momento indicado los primeros liberaron la gallina hacia nosotros, siendo el objetivo apoderarnos del animal, lo cual no se prolongó mucho tiempo porque las gallinas no vuelan más de unos metros y además este ejemplar escogió quién de los divertidos presentes la iba a capturar nuevamente.

Según la mecánica del ritual, la diestra invitada que atrapó la gallina tenía el derecho de llevársela consigo, para el predecible propósito de prepararse un mole y un caldito. Pero para gusto de los asistentes la ganadora decidió dejarla en comodato, por tiempo indefinido, en la casa de Consuelito Venancio.

A estas alturas, cuando ya se intuía la despedida, recordé que en la invitación se mencionaba, en primer término: "taller de barro", por ser la primera actividad enumerada imaginé que, por alguna razón, se había pasado por alto, fue entonces cuando Consuelito Venancio nos llamó a la zona de acceso de su vivienda y, luego de amasar un poco de arcilla, nos entregó un fragmento de este material, sugiriéndonos amasarlo, sentirlo y, en la medida de nuestras posibilidades, modelar algo simple, algo que nos surgiera en ese momento.

La mayoría de los presentes descubrimos que trabajar esa pasta no era como trabajar plastilina, algunos terminaron con poco material amasado y mucho untado en ambas manos. Pero con los consejos de Consuelito y un poco más de polvo de la misma pasta, todos acabamos haciendo una esfera, un ave estilizada, un corazón como en mi caso y todos, con marcado gusto, nos llevamos con nosotros ese fragmento, testigo y prueba de nuestra asistencia. 

Ya en las despedidas los anfitriones desplegaron en la mesa una serie de objetos artesanales, puestos a disposición de los visitantes y al precio que ellos mismos sugirieran. Era imposible resistirse a adquirir algún objeto. Yo me traje un patito de barro en dos colores.

El Cargo de la Música
de Remuda y Reyes