En la casa de mi abuelo Cecilio hice unos injertos… pero esa casa de mi abuelo Cecilio, también tiene historia ahí era donde hacíamos las juntas con los líderes de aquí del Rancho, de donde salían cosas buenas: pusimos la luz, el agua potable… y de ahí salimos como encargados. Esa era la casa donde vivieron los papás de mi abuelo y como mi abuelo vivía con mi abuela, allá en el pueblo, pues a esa casa casi nomás venían en tiempo de aguacates; ahí se quedaba mi abuelo un mes y, ya después, se iba otra vez para el pueblo. Ahí tenía sus huertotas, pero ahí vivían todos sus hermanos de mi abuelo para acá, eran tío Goyo, tío Félix, tío Olacho y mi abuelo Cecilio. Dicen que mi abuelo prestó la casa una vez para ser escuela. Después vino un danzante de los de Natividad Reyna. Natividad Reyna era de Chihuahua, pero venía cada año aquí a los remedios, era el mero mero, le decían el brujo mayor, ahí duro como un año; levantó una danza de puros jóvenes, en aquel tiempo. Una danzota bien buena. Yo estaba chiquillo, cuidaba bueyes en ese tiempo, pero me gustaba que las capas eran de satín, unas rosas, unas verdes, unas rojas; de todos colores. Con su teponaztli se ponían ahí en los Remedios, era la mejor danza que había.
Esa casa después fue tinacal, fue bueno sirvió para todo ahí: una vez que se arregló el camino, de mano de obra, ahí se quedaban los que venían de Dolores, ahí el Tavo y su gente. Era una casa muy bonita, porque era un cuarto de nueve metros por cuatro, con unas vigotas de seis metros y piso de baldosa y estaba circulado alrededor y cuando mi abuelo se los repartió se los dio a sus hijos de mi tía Rosa que vivían en Comonfort, acabé comprando una parte de esa casa y luego tumbé ese cuarto viejo y vendí la teja y vendí las vigas y sí me ayudé también. Bueno, en ese terreno había dos naranjas agrias y ya siendo mío se me ocurrió, dije: "Pues aquí voy a meterle todos los cítricos a esta", y les metí de cuatro clases de mandarinas, ya ve que hay cuatro clases, o cinco, le metí de cuatro clases de limones agrios; le metí toronja blanca y toronja color de rosa; le metí lima dulce y lima agria dulce. Total que le metí dieciséis tipos de frutas entonces cuando ya estaban dando en un lado cortabas frutas dulces en otro agrias en otro lado una mandarina de una clase, en otra otra, limones agrios.
Yo le nombro aquí tequilero el de nosotros, limón sin semilla, limón burro y hay otra clase de limón así de este tamañote. Yo de ese tenía dos matas, y todavía tengo una y he visto en la televisión, una vez vi que en Oaxaca y decían que este limón nada más se da aquí y otra vez en la frontera y digo.. pues donde no conocen… son limones burros y precisamente ahí en el terreno injerté una mata de limones, daba unos limonsotes así. A veces le han llegado aquí a mi mujer, que se los compran como sidras, pero no son sidras, porque la sidra es diferente y también tengo sidras, pero la sidra nunca la he dejado terminar, porque cuando yo andaba soltero miraba a las viejitas que iban a misa llegaban ahí a Los Pinos, "A ver deme una mañanita, un amarguito", y el difunto cantinero, que era Mingo, tenía un garrafón así con hartas rebanadas de sidras, le echaba mezcal o tequila, no sé qué sería y de eso eran los amarguitos que vendía a las viejitas y todas iban y pasaban por su mañanita.
Mira también tengo, es lo que yo luego les platico a los niños, aunque ya no me lo crean. De niño yo conocí Celaya, y San Miguel, y México también. Nos íbamos a hacer del baño a donde terminaban las calles, porque no había baños. En los pueblos lo que había eran mesones; aquí Comonfort tenía dos mesones y la gente llegaba en su burro, en su caballo y ahí los amarraban. Y hasta les decía el dueño del mesón : "¿Quieres que le dé rastrojo o que les dé alfalfa?", según como querían pagar, como en la sagrada Biblia cuando pasa aquel que ayuda al que estaba, que lo habían golpeado los rateros, los que lo habían robado, dijo que lo llevan a un mesón y dice: aquí le dejo esto para que lo cure y a mi regreso… pero le digo que yo llegué a ir a San Miguel y si íbamos temprano y si queríamos hacer del uno o del dos, íbamos luego luego ahí cerquita al mesón y ya sí ibas como a las diez de la mañana tenías que ir, con cuidado, para no pisar las pilitas que había dejado, toda la gente. Todo mundo hacía eso.
Yo cuando empecé a hacer mi baño, fui el primero, todavía no había aquí drenaje pero como vivía del lado del río, hice mi drenaje al río y yo tenía mi baño particular, por eso cuando yo me cambié para acá, siendo presidente don Agustín Zárate conseguí todo el drenaje del Rancho y ¿qué crees?, que se me voltearon, como siempre, aquí yo quise abrir una calle por acá, nunca se ha abierto, pero hay lugar para una calle y ahí viene la calle, pero nunca han querido,.. siempre la gente es muy quién sabe cómo, entonces cuando yo les dije: "Se va a poner el drenaje al rancho" "No". Aquél juntó su gente y dijo que todos los del callejón y todos hasta allá, nadie quiso y de acá abajo unas cinco personas tampoco quisieron, pero como yo me había cambiado aquí, dije: Yo sí lo necesito, nada más que le dimos la primera salida hasta la capilla y luego me quedé, pensando: "Está muy largo el tramo, si un día se llega a tapar… ahora voy a hacerle mejor de aquí al callejón ancho". Y fue como llegó al callejón ancho si no nomás lo meto de aquí para abajo. Luego después peleaban que querían el drenaje y querían… luego, cuando estaba Doro vinieron, que nos iban a hacer cien metros de pavimento, querían que empezáramos de allá, les dijimos: "Pero si allá no tienen ni drenaje, se va a empezar de onde hay drenaje". Y así todas las mejoras, por eso digo que.. nomás que me salgo del tema..
La fiesta de los Remedios la recuerdo bien bonita, ahora ya es un desastre, se arrima uno a ver una Danza y escucha uno todo el ruidazo de todo, ya no se puede. Más antes sí eran pleitos entre las bandas de música, se ponía una y toque y toque, no dejaba tocar a la otra, terminaba y empezaba la otra, y otra, y otra hasta que ya dejaban entrar a la otra banda y como no había otras cosas, me acuerdo yo conocí un tío que decía que andaba así: taratarata mm ha, mm ha.
Yo tuve la suerte de que me prendieran los injertos [tenía buena mano]. Anduve con doctores en Salamanca; anduve con el doctor Jiménez: él cargando la botella y sirviéndome mis cubas y agarrándome las cubas mientras yo injertaba. Hasta me dijo una vez: "Ah, caon, ya supe por qué te prenden los injertos". "¿Por qué?", le dije. "Pues ya me fijé que les das un besito a todas parejo". Pero es que yo me ponía en la boca las varetas mientras hacía el injerto.
Aquí nosotros tratamos de quitar todos los aguacates feos, huesudos y yo de Rinconcillo me gustaron tres y de ese le injerté al patrón le hice unas huertas y de ahí me traje unas varetas y de onde quiera que me pedían les hacía de estos, son los mejores. Ese es choquete, en tierra buena pesa más de dos kilos, y yo injerté aquí en Comonfort como unas quince matas, pero, cómo le dijera, es un poquito dulce, y entre los criollos que tenemos nosotroS, por ejemplo el de mantequilla, el de leche, se los come uno sin sal, sin nada, qué buenos.
Lo que tratamos, no le di la respuesta, fue de mejorar todos esos chiquitos o ese hebrudo o ese huesudo, de eso se trataba el injerto, y de aprovechar el tronco que ya estaba crecido, injertaba de corona, de puente porque después de que yo me enseñé también a mí me regalaron libros, yo estuve leyendo un libro, porque como le digo, yo nunca fui a la escuela, yo me enseñé a leer, escribir y hacer cuentas, cuando di el servicio militar, porque nos obligaron que teníamos que firmar la cartilla y como en un mes nos enseñamos, decían aquí mi gente que les gustaba mucho mi letra, me regalaron un libro argentino que desde mil ochocientos sesenta y tantos ya hacían lo que yo hacía aquí. Pero aquí, todo el estado de Guanajuato no había injertadores, en Michoacán sí, porque ya ve en Michoacán había mucho Pagua y todo lo hicieron Hass, puro Hass. Es el Hass es el rasposo que aguanta más.